Nuestra Leyenda del Golf

ROBERTO
DE VICENZO


¿Cómo empezó? ¿Cuántos torneos ganó? Conocé más acerca
de unos de los mejores golfistas de todos los tiempos. Descubrí
porqué Roberto De Vicenzo eligió este prestigioso emprendimiento
para convertirse en su maestro, y las razones por las cuales se
refiere al campo de golf de San Eliseo como “La cancha de
mis sueños”.

ENTREVISTA AL
MÁS GRANDE
GOLFISTA.



Por A. Klapp (especial para revista SAN ELISEO).


Al entrar a San Eliseo uno queda impactado: esa cancha es “El” lugar en el mundo para el mejor golfista argentino de siempre. Los árboles, cientos de ellos, enmarcan un silencio casi total, sólo interrumpido por alguna voz que, por supuesto, se levanta dirigida al “Dueño” del lugar. El “Dueño” no es otro que Roberto De Vicenzo, invitado por Intercole a formar parte de la serie de entrevistas con los número 1 de nuestro país.


"El golf me atacó desde chico. Era caddie, cuando terminaba corría a casa, tomaba algo y volvía a correr para llegar al colegio. Mi niñez tuvo esfuerzo y trabajo. Éramos ocho hermanos, yo el quinto, y cuando murió mi madre casi tuve que encargarme de los menores. Al más chico lo llevé varias veces conmigo cuando iba a jugar y, como se cansaba, lo cargué en los hombros un montón de veces, como si fuera una segunda bolsa."
Queda claro que el golf le gustaba mucho.
¿Y el colegio?

En casa crecimos con la idea de que había que ir y estudiar. A los chicos les digo que vayan al colegio, que miren y escuchen con atención, que se concentren en lo que hacen. Al colegio se va a aprender. Aquel que va y aprende, sale con otra educación. La vida es difícil, y aquel que no aprenda va a estar postergado en la escala laboral. Hay que formarse para tener la posibilidad de defenderse de la vida. Y vaya si se defendió, Roberto. Ni bien comenzó a jugar con el único palo que pudo conseguir vio que su voluntad producía lo que
otros no lograban. Rápido, muy rápido, se instaló en su club y joven, muy joven, ganó en Rosario su primer título profesional, con 19 años. De ahí al plano internacional, el camino fue más sencillo. Y, como él dice, dio la vuelta al mundo 30 ó 40 veces. "Los viajes me enseñaron bastante más que geografía. Terminé de moldear mi carácter, conocí ente, incorporé conocimientos, pero me quedé con ganas de hacer turismo. El golf es severo, muy exigente. Además del entrenamiento, están los viajes, el desarraigo, la soledad, la distancia. Todo era esfuerzo; y el esfuerzo te ubica y te enseña.